lunes, 8 de agosto de 2011

La batalla de los cuerpos.

Entre tibios brazos de sabor a ti,

Me enredo con tu lengua que lucha en mí,

La intensidad aumenta y disminuye,

Dependiendo del sí, del clímax y la adrenalina

Que se huele por aquí.

Las suaves brisas que recorren nuestro cuerpo,

Que aun haciendo frio sudamos en tiempo,

Nos provoca la sensación de continuar y no despertar,

Hasta acabar.

Y una vez perdido en las praderas de tu edén,

Dibujo paisajes en el lomo de la mujer,

Haciendo caricias que forman cuartel,

De la lucha impredecible que acaban de comenzar

Ella y el.

Y el amor fluye por nuestros cuerpos,

Entre venas, cicatrices y besos,

Y aquí cualquiera se perdona,

Porque entre tanta pasión sobra la boca.

Solo unos cuantos murmullos se escuchan,

Y se combinan en un concierto

Con la respiración acelerando o disminuyendo,

Con la pasión fluyendo adentro.

Y amor hoy no te despegues del momento

Que solo tenemos este tiempo

Para disfrutar del uno al otro

Lo que tanto hemos esperado con anhelo.


Miguel Flores

El oculista

Una vez avía un excelente oculista, no porque te curaba las cataratas o la ceguera, sino porque sabía lo que sentías con tan solo mirar tus ojos.

Un día llego una hermosa señorita a su consultorio, ella iba con frecuencia yo apenas comenzaba como ayudante pero pasaban gran tiempo encerrados en el consultorio, pasaron semanas y ella iba y venía.

Un día después de salir recordé que deje unos libros en el consultorio, al regresar, el oculista estaba todo ebrio y muy deprimido por lo cual le pregunte, -qué es lo que ha ocurrido.

El me contesto, nada eso es lo que ha ocurrido, con mi cara de asombro proseguí diciendo ¿Cómo que no ha pasado nada?. Recuerda la señorita que vino en veces pasadas, es mi esposa en un principio podía leer sus ojos y saber lo que querían pero de un tiempo aquí no he podido.

Me entristece porque he perdido mi objetividad, he perdido el donde de saber lo que desea. -Por que afirma que es así, el dijo Porque solo el amor y el odio nublan cualquier juicio, cualquiera.

Ellos nos vuelven subjetivo dependiendo sea el caso, lo que más me duele es que en este momento no se si siento amor u odio, mi juicio ya no es el mismo.

Dicho esto se pincho los ojos con un par de agujas quirúrgicas, y dijo, si estos ojos no vuelven a ver es porque han dejado de ver lo más hermoso que es el amor sincero y puro si ya no veo eso no vale la pena ver.

Desde ese día me volví, el oculista del pueblo, pero nunca he vuelto a ver esos ojos de tristeza y decepción, ya que en ese momento me di cuenta en verdad es mejor que el amor sea ciego.

Miguel Flores.